martes, 14 de agosto de 2018

Formación Montessori parte 1 - Vida Práctica

Durante este mes de Julio he estado haciendo una formación para ser Guía Montessori y ha sido una experiencia muy enriquecedora y, a la vez, muy intensa. He aprendido muchas cosas y desaprendiendo otras muchas tantas (de verdad que a veces hay que desaprender para aprender, sobretodo cuando llevamos mucho tiempo haciendo las cosas no de la forma más correcta posible). En estos últimos meses he hecho formaciones y cursos relacionados con el movimiento libre, sobre pedagogía Waldorf, juego libre y, aunque asistí a algún congreso Montessori, para nada imaginaba lo que iba a aprender durante este mes de julio.



La formación la he realizado en MamiNatura de Terrassa, un sitio chulísimo que se ha convertido durante unas semanas en toda una aula Montessori como si fuera un ambiente preparado de Casa de Niños. ¡Ha sido alucinante de verdad!


Durante la primera semana exploramos una de las áreas que se trabajan en Casa de Niños: el área de Vida Práctica. Hemos visto y practicado muchas presentaciones sobre aspectos que bien se pueden trabajar para interiorizar aspectos de la vida diaria, y otros que preparan para el posterior aprendizaje de aspectos tan importantes como la lectoescritura. Por ejemplo, cuando realizamos actividades en que se trabaja la coordinación, o se limpia una mesa, por ejemplo, siguiendo el movimiento que preparará al alumno para seguir  la direccionalidad correcta una vez empiece a leer y escribir.


Si os interesa os puedo ir contando en futuros posts las diferentes áreas que hemos ido trabajando y así os hacéis una idea de cómo se trabaja en un ambiente Montessori.



La formación nos la ha impartido MOLAT y la verdad es que estoy encantadísima, muy cercanos y muy humanos, además de que he aprendiendo muchas palabras mejicanas (y también argentino que tengo tres compis de allí). ¡Está padrísimo de verdad! En serio, me llevo más que una formación, me llevo un crecimiento interno y una familia y dejo muchos prejuicios e inflexibilidades. 




Aida


P.S.: Por favor, no uses las fotografias sin mi permiso.  


miércoles, 4 de julio de 2018

Movimiento libre

Como ya comenté en mi anterior post (que podéis ver aquí) sobre el cubo de inpiración Pikler, la maternidad me ha hecho retomar aspectos que estudié al formarme como maestra y que, en una maternidad consciente de la necesidad de apego y respeto hacia los niñxs, ha terminado despertando en mi esa necesidad de indagar y formarme para poder transformarme y transformar (como dice mi amiga Laura).

En el post sobre el cubo ya hablé de la filosofía Pikleriana, me enamoré de ese cubo en cuanto lo vi, y mi padre lo hizo realidad. Hace unas semanas estuve en una formación muy amena que impartió Romina de Teta-à-Porter, en “Espai La Tribu” de Vic.  La verdad es que salí más convencida de las ideas que ya tenía en mente y me dio recursos para poder expresarlas. Sin duda os recomiendo su blog y sus formaciones, tanto como maestra como madre.  


Como ya expliqué brevemente sobre Emmi Pikler, la idea global con la que me quedo es esa de no forzar movimientos ni posiciones en el bebé para las cuáles no está preparado, es decir, su motricidad no es lo suficiente madura. Pero para conseguir un movimiento motor libre y respetado, es necesario ofrecerlos un espacio adecuado que les permita esa libertad y que mejore su autonomía. No es necesario tener un cubo, un triangulo o una rampa Pikler (aunque a Anna le da mucho juego), pero si adaptar el espacio.


(fotografía de la sesión con Helena Molinos para el día de la madre)

No es dejar al niño libremente por que sí, es darle la libertad necesaria para que aumente su autonomía y su independencia, para que él o ella sea el protagonista de esta conquista. En una formación que estoy realizando sobre el juego y el niñx de la mano de Yessica Clemente de Rejuega (a través de Babytribu), he entendido que hay que confiar en éste, en sus posibilidades y en sus capacidades, y esto se traduce en una menor intervención “sobre” el niñx y en una mayor observación de lo que sucede (para entender cuáles son sus necesidades).


Anna esta un momento de explosión motora, sus necesidades e inquietudes se mueven alrededor de querer explorar el entorno que le rodea, subiendo y bajando de allí donde puede. Esto choca un poco a veces con nuestras necesidades, yo como adulto tengo que hacer ciertas cosas, que serían más fáciles si ella estuviera sentada y entretenida jugando. Que lo está, pero son minutos e incluso a veces segundos, porque se encuentra en el plano de mayor desarrollo motor (según la filosofía Montessori se encuentra en este período sensible de movimiento). A veces hay que conciliar esto, pero hay que ser conscientes de que es una etapa que pasará (y vendrán otras nuevas), hayq eu aprovecharla porque es muy bonito ver como alcanza nuevos hitos.


No se si he comentado ya que Anna ha pasado por todas las fases motoras que son normales y que Emmi Pikler (y otros cientos de autores, aunque todos hablaban de los movimientos con ayuda) describieron en su momento. Ha volteado a un lado y otro, se ha girado, ha hecho la croqueta, se ha arrastrado y ahora gatea (y no veas a que velocidades). Hace tiempo que se pone de pie y se desplaza lateralmente y hacia delante (con el apoyo de algún objeto) y ya ha dado sus primeros pasos solas aunque lo hace puntualmente. En estos movimientos no hemos intervenido (o lo más mínimo) y todas las conquistas han sido fruto de sus necesidades y como base a sus intereses, si ella ha querido desplazarse se ha cogido a una silla y lo ha hecho, pero siendo ella quién ejercía una fuerza sobre el objeto (no como pasaría con un andador, un correpasillos o nuestras propias manos).


No me considero una persona ortodoxa, pero si que he tenido que poner ciertos límites a mi entorno porque estamos acostumbrado a ciertas “formas de hacer”, por así decirlo, que están muy arraigadas. A mí también me ha pasado, todos tenemos la imagen de un bebé andando de las manos de su madre o de su padre, pero lo cierto es que no necesita de esta ayuda. El ser humano esta hecho para andar y lo hará con ayuda y sin, la diferencia es que sin ayuda él será su propio protagonista, disfrutará de ello y nunca le podremos quitar la satisfacción de haberlo alcanzado por sí mismo, dándole el tiempo que necesita, a su tiempo, con respeto.



Como habéis podido ir viendo, me gustan investigar y coger aquello que me interesa de cada pedagogía. Estoy muy interesada en las pedagogías alternativas, me apasionan Maria Montessori, la pedagogía Waldorf, Pikler y el instituto Lóczy y me he formado mucho también en inteligencias múltiples, entre otros. Con esto quiero decir que no es necesario seguir al pies juntilla todas y cada una de sus premisas, se trata de ser coherente con lo que hacemos y, sobretodo, tratar al niñx con respeto, creo que esta es la clave.


Aida



P.S.: Por favor, no uses las fotografias sin mi permiso.  

jueves, 17 de mayo de 2018

Un cubo afín a la pedagogia Pikler - Lóczy

Como maestra de profesión (y de vocación cabe decir), es curioso que haya sido la maternidad la que haya despertado la curiosidad por ciertos aspectos ya conocidos para tener un percepción más profunda sobre ellos. No es que no los viera importantes en su momento no, es que cuando he ido a un colegio a trabajar me he adaptado en un principio a su metodología y, quizás, no he estado el tiempo suficiente para aportar mi granito de arena o, no se, me he acomodado tal vez. Pero el convertirme en madre me ha cambiado, totalmente, y ahora tengo unas ganas infinitas de formarme en pedagogías del cuidado, en una crianza y una educación más natural y respetuosa, en Montessori y su autonomía, en Waldorf y su libertad, en Pikler y su movimiento libre y respetado.




A raíz de mi curiosidad por Emmi Pikler y el instituto Lóczy, fue cuando descubrí una serie de mobiliario que podría facilitar y promover este movimiento libre del que os hablaba. Al ver ese mobiliario de madera pensé en mi padre, que es carpintero de profesión y un manitas de corazón, y le pedí ayuda.



Pero antes de entrar en detalles, quería hablar muy por encima de quién era Emmi Pikler y que hizo para que hoy se hablé tanto de sus ideales de desarrollo motor y movimiento libre. Como le expliqué a mi madre en su día para que me entendiera sin extenderme mucho y sin entrar en detalle, Emmi Pikler fue una médico húngara que empezó a trabajar en Budapest como pediatra en los años 30. Trataba con niños y niñas que estaban institucionalizados, muchas veces porque sus madres estaban enfermas (hablamos de los años 30) y no podían hacerse cargo de ellxs durante cierto tiempo. Pikler mostró interés en buscar una manera de que esos niñxs se sintieran queridos, hubiera un apego y un apego seguro, un vínculo con la persona que les cuidaba, no como pasaba con la resta de niñxs que estaban en instituciones y en hospitales, donde se cuidaba de su salud física, pero no tanto de las carencias afectivas. Buscó una manera en que los niñxs tuvieran siempre el mismo adulto de referencia, (que cambiaba con el turno de enfermera) para poder crear un vínculo afectivo y se centró mucho  en el estudio del movimiento y en el desarrollo motor. En su libro “Moverse en Libertad. Desarrollo de la motricidad global”, realizó un estudio del desarrollo motor y concluyó (resumidamente) que el niñx es capaz de pasar por todas las fases del movimiento (girarse, voltearse, gatear, ponerse de pie y andar) sin la necesidad del adulto, a diferencia de otros estudios o libros en los que los autores (médicos en su mayoría) siempre hablaban de los movimientos con la ayuda del adulto.




Para mí, la idea principal que saco de este libro es el no forzar posturas, es decir, no poner al bebé en posturas y posiciones a las que no puede llegar por sí mismo y de las que, como consiguiente, no sabe ni puede salir. No sentar al niñx (otro tema sería el BLW), no ofrecerle las manos para andar, no poner al bebé tumbado entre cojínes, no ponerlo boca abajo si no sabe llegar por sí mismo en esa posición,… en definitiva, dejar libertad de movimiento. Y, como aprendí en una de las formaciones de Romina de Tetapòrter, partir siempre de la posición de tumbado hacía arriba para que sea el bebé quién decida que posición tomar. 




No me considero una ortodoxa de la pedagogía Pikleriana porque hay ciertos aspectos que podría discutir, en los que no estoy de acuerdo  y otros en los que no me gusta ser tan tajante. Nosotros hemos seguido esa filosofía con Anna y ha pasado por todas esas fases a su tiempo, sin prisas, cuando ella ha sido lo suficiente madura y lo ha sentido así. Como me dijo muy acertadamente Aida, de Gurumaji, cuando les dejamos el tiempo necesario para que lleguen a esos movimientos por sí solos, es cuando se toman realmente el tiempo que necesitan (y ese, a veces, no es el que nosotros esperábamos).


En resumidas cuentas, la pedagogía Pikler se sustenta en tres pilares:

- GARANTIZAR LA SEGURIDAD FÍSICA Y AFECTIVA DEL NIÑO/A. Cuando os hablaba del vínculo con el adulto.

- OFRECER LAS CONDICIONES QUE PERMITAN AL NIÑO/A DESARROLLAR UN MOVIMIENTO LIBRE AUTÓNOMO. Sin una intervención directa del adulto y con libertad de movimientos.

- PONER A DISPOSICIÓN DEL NIÑO/A LO MÁS POSIBLE (MOBILIARIO, MATERIALES, AGUA, BAÑO, ACTITUD DE LOS EDUCADORES…) DE FORMA QUE SE FOMENTE SU AUTONOMÍA. Y aquí es donde se me encendió la bombilla y pensé en el abuelo de la niña, a Anna no se le podría resistir.


Y ahora vamos a la intención de este post, hablar de una serie de mobiliario que fue creado para mejorar el movimiento libre del niñx, afín con la pedagogía de Emmy Pikler. Uno de ellos es el cubo Pikler, un cuadrado de madera con dos laterales con barras y dos laterales con un círculo que permite al bebé pasar por medio, tal y como se puede ver en las fotografías. En la mayoría de tiendas especializadas lo encontraba en medidas de 40x40x40 o de 50x50x50, pero esta medida fue la que encontré más adecuada para que Anna pudiera pasar con total tranquilidad.


Pues este fue uno de los regalos de cumpleaños de Anna y me moría de ganas de enseñároslo, pero antes quería escribir un poco sobre Pikler para que entendierais de que iba el asunto. Mi padre hizo un trabajo muy fino y Anna se lo pasa pipa con él, le ayuda a ponerse de pie, a sujetarse, juega poniendo objetos encima (y tirándolos), pasa por dentro, lo usa como vía para agarrarse al sofá u otro mueble y, más adelante, lo usará con otros fines. Así que es un cubo con infinitas posibilidades y, sobretodo, evolutivo (mi madre lo usa para levantarse del suelo y como asiento ¡jajaja!).




Así que, ¡muchas gracias papa, you are the best! Ya le dije que podríamos dedicarnos a hacer mobiliario de este tipo. 
Fuera coñas, si alguien esta interesado, que contacte conmigo vía email o a través de mi Instagram: @aideta_aa y lo hablamos. :D




Aida



P.S.: Por favor, no uses las fotografias sin mi permiso.